LA INCOMPRENSIBLE MANERA DE ARRUINAR UN NEGOCIO

LA INCOMPRENSIBLE MANERA DE ARRUINAR UN NEGOCIO



octubre 1, 2019

¿Qué está pasando con el prestigio de las grandes salas de subastas? ¿Pueden los últimos deslices poner en serio riesgo la credibilidad del mercado del arte y la solidez de colecciones, el patrimonio artístico privado y público?.

 

 

Sin extendernos en el tiempo, en los últimos dos años estamos viviendo una incomprensible actuación por parte de los principales vendedores del arte: Las Salas de subastas. Una actuación que lejos de convertirse en una estrategia de marketing está minando la credibilidad de salas míticas como Sotheby’s y Christie’s entre otras, y por extensión al resto de este tipo de negocio que configuran la espina dorsal del llamado Segundo Mercado. Repasaremos lo más reciente hasta, en mi opinión el gran escándalo que ha supuesto la venta de un supuesto Leonardo Da Vinci (“Salvator Mundi”) en noviembre de 2018.

 

En este caso la Sala Christie’s de Nueva York vendió con toda la fanfarria posible (hasta entonces desconocida) una obra finalmente atribuida , no al maestro sino a un seguidor: Bernardino Luini por 450 millones de dólares. Recientemente me referí en estas páginas a la venta de otra pieza, esta vez en la sala francesa Marc Labarbe de un más que dudoso Caravaggio (“Judith y Holofernes”) por 150 millones de dólares del que nadie sabe nada y cuya autenticidad pasaría exclusivamente y sin dudas por una investigación pericial científica.

 

Volvemos a Christie`s, pero ahora en Londres. En la primera semana de julio se atreven a vender un busto de Tutankamon por 5 millones de libras. El busto al menos no era falso, sino que procedía directamente de un robo perpetrado en el templo de Karnak en 1970 donde otros objetos fueron robados. Esto no lo digo yo, sino los Ministerios de Antigüedades y el de Exteriores egipcios. Es de suponer que cuando se publiquen estas líneas, habrá surgido alguna noticia similar más que añadir a una lista que desgraciadamente empieza a ser demasiado larga.

 

…No hay que olvidar que son precisamente los resultados de las subastas, son los indicadores que se emplean universalmente para calcular el precio y cotización del arte…

 

¿Qué está pasando en el mundo de las subastas de arte? La seriedad y rigor de las que hacían gala y que fueron sus mayores valedores en el mercado ¿Empiezan estos marcadores a desmoronarse? No hay que olvidar que son precisamente los resultados de las subastas son los indicadores que se emplean universalmente para calcular el precio y cotización del arte. ¿Todavía pueden fiarse los peritos tasadores judiciales y asesores privados de arte (Art Advisors) de estas fuentes cuando las salas de subastas están demostrando que ya no son tan fiables?.

 

En los recientes casos de Chistie’s Nueva York o de la Sala Labarbe de Tolouse se trata de una laxitud demasiado cara e imperdonable en todos los supuestos. En el asunto de Christie’s Londres, ¿Nos encontramos ante un delito de receptación?. Y esto, en los casos más mediáticos, es decir los que conocemos. Como perito judicial he sido requerido a lo largo de este año para la investigación de 23 obras de un importante autor contemporáneo español, todas falsas e intervenidas a lo largo de los últimos meses en las salas de subastas más importantes de Madrid. Este asunto es más sangrante, ya que esta situación de falsedad continua y aceptada por las casas y que se ha prolongado durante años, ha provocado el descrédito y total depreciación total de este autor, uno de los maestros del Informalismo.

 

…Los motivos pueden ser muchos: Las grandes salas de subastas están perdiendo a sus activos más importantes: A sus expertos veteranos por nuevos profesionales que quieren ocupar ese codiciado status, siendo capaces de certificar hasta la virginidad Cleopatra o de ocupar titulares fáciles que les “aúpen” en el sector y por último, el afloramiento de falsificaciones y falsas atribuciones sigue siendo un negocio rentable que a veces degenera en un vulgar timo de la estampita, de un “coge el dinero y corre”…

 

¿Cuál es el objetivo de las salas de subasta? ¿Vender por vender? Este comportamiento finalmente degenera en un empobrecimiento y desconfianza hacia el segundo mercado del arte. Un recelo que sí ya era importante, se incrementa por momentos, favoreciendo la modalidad de venta privada que en los dos últimos años ha aumentado en un 25% y continuará creciendo.

 

¿Cuáles son las causas?. En mi opinión creo poder plantear varias posibilidades: A partir de la reorientación de este negocio en los años 90 y de las recientes ventas y cambios de propietarios de las grandes salas de subastas han ido perdiendo también a sus activos más importantes: Los expertos y con ellos su experiencia, conocimiento, rigor y cautela. Estos expertos se están retirado o ya se han retirado, sea por una cuestión de longevidad o porque ya no se identifican con una manera de vender arte que ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años. Ya no se habla de arte, se habla de lujo.

 

En segundo lugar, a estos expertos “veteranos” les están sustituyendo otros más jóvenes y osados, más o menos cualificados, y que son capaces hasta de certificar la virginidad de Cleopatra si fuera necesario y que anhelan ocupar ese codiciado status. Son vendedores que coinciden con la agresividad comercial de las corporaciones que han adquirido las empresas de subastas y que entienden o crean un “marketing artístico” basado en una simple estrategia de crear titulares fáciles para sus empresas y de paso que les “aúpen” a ellos mismos en el sector.

 

Tercero, la recuperación de los “Old Masters” como una fuente de negocio más viable, ya que la controversia y expectación crean titulares que excitan la vanidad de compradores. Es muy probable que esta condición de “popularidad” en una obra de arte esté sustituyendo a los criterios de autenticidad y procedencia, aunque esta circunstancia también favorece el afloramiento y venta de falsas atribuciones (incluso falsificaciones o piezas robadas) transformando un negocio que por su volumen económico debería ofrecer unas mínimas garantías y no un timo de la estampita o un vulgar “coge el dinero y corre”.

 

Por último, la reticencia de las salas de subastas a aceptar el criterio incuestionable de la ciencia pericial: Los análisis bioquímicos, luminiscentes y grafotécnicos, hoy ya absolutamente normalizados y en evolución permanente. Esta opinión objetiva y científica debería zanjar la cansina cuestión de las opiniones de expertos en eternas disputas de “egos” y vanidades. Estas pruebas tienen un coste que en el peor de los casos no supera los 6.000 € (en España). SI tenemos en cuenta los precios estimados de este tipo de piezas es ridículo e insultante que no se contemplen como una partida fundamental en estos procesos.

 

En todos los casos, finalmente pueden desembocar en una realidad: Poner en un riesgo real la credibilidad del mercado del arte y la solidez de las colecciones y patrimonio artístico privado y público.