FALSIFICACIÓN: EL FRAUDE QUE AFLORA CON EL TIEMPO

FALSIFICACIÓN: EL FRAUDE QUE AFLORA CON EL TIEMPO



diciembre 12, 2019

Tenemos que remontarnos a los felices años 80. Estamos a punto de entrar en el Mercado Común Europeo , en aquel entonces Unión Económica Europea. hay dinero negro acumulado fruto de ahorros y “negocietes” sin factura, el mundo de las comunicaciones y tecnologías todavía funciona con fax y conceptos como calidad o resolución de imagen no eran un arcano, sino una quimera.

Incipientes coleccionistas e inversores hicieron acopio de aquellas piezas que circulaban por el mercado, Los argumentos que se empleaban eran siempre los mismos: “Un Fortuny original, que no quedan” o “Un auténtico chollo” y que en su ingenuidad, avaricia o codicia, atesoraban. Obras que se compraban sin recibos ni certificaciones (en el 90% de los casos ).

No obstante el daño procede de mucho antes, de los años 50 en un país donde cuestiones como falsificación y tráfico ilícito se consideraba un delito “ingenuo”, como el timo de la estampita, una cuestión de pícaros y golfillos y poco más para entendernos . No existía una legislación firme al respecto o no se aplicaba y los cuerpos de seguridad están volcados en otras cuestiones, circunstancias que el falsificador y traficante celtibérico de entonces aprovechó con una casi total impunidad. Por otro lado, no he leído nunca que a un artista le haya molestado saber que se falsificaba su obra. Todo lo contrario, les halagaba en su vanidad ya que era la manera de demostrar el valor y como se apreciaba su obra…

Sin menoscabo de los “universales”, Han van Meegeren, Elmyr de Hory, Tom Keating, John Myatt, Eric Hebborn, Ken Perenyi o Mark Landis, nombres como El Argentino”, “Orduñez”, “el Gitano“, “Angelillo” o Serra o el reciente Francisco José García Lorca forman parte de una gloriosa legión de excelentes pintores (y falsificadores) patrios que cruzaron la línea y fueron prolíficos en falsificaciones de autores por entonces codiciados como Sorolla, Mir, Regoyos o Anglada Camarasa entre otros, sino que además se atrevieron con Juan Gris, Kandinsky o Miró. Artistas que muchas veces crearon “Ex novo”, a “la manera de”… Unos falsificadores que convivieron con anticuarios y salas de subastas de entonces; falsificadores que envejecieron y murieron con gloria pero sin penas, sobretodo porque la policía de entonces estaba más pendientes de células comunistas que de timadores de poca monta (así se consideraban)

La producción de falsos en España fue muy importante en los años 60 y 70. Sus tramas todavía hoy siguen impunes. Se sabe quienes pintaron pero se pierde la pista de quienes y a quienes las vendieron, ya que el silencio o la vergüenza impidieron atajar este delito. Las mismas obras han ido circulando hasta quedar definitivamente en punto muerto.

 

El arte procedente del Expolio Nazi también puede ser falso

En estos últimos meses se han puesto en contacto conmigo como experto en arte dos propietarios con supuestas obras procedentes del expolio compradas durante los años 60. En un principio uno duda de que alguien pueda ser tan descerebrado o directamente cretino como para proponer a un profesional que se dedica a la investigación pericial del arte, la venta de una obra expoliada. Hay que reconocer que la mera posibilidad de descubrir una obra de este tipo es un reto profesional y a veces se olvida lo más evidente: Su originalidad.

 

Muchos marchantes “avalaban” falsificaciones haciéndolas pasar por obras expoliadas

 El primero fue una tabla con un Jonás siendo engullido por la ballena atribuida a Rembrandt. En estos casos la calidad de las obras era tan mala que básicamente se procedió a la comprobación bibliográfica y de su posible reclamación en colaboración con las autoridades: Negativo en ambos casos.

El último ha sido un propietario sudamericano con una obra firmada Monet. Inicialmente tampoco consideré, como con las anteriores, que ni la firma ni el motivo (una vista de Buenos Aires) eran propias del artista, la sorpresa fue cuando le dí la vuelta al lienzo y encontré etiquetas en alemán con esvásticas y números de serie. Pensé que era una tomadura de pelo o había una cámara oculta y así lo dije: ¿En serio? Además de falso ¿Procede del expolio? A lo que el propietario dijo muy convencido: “Doctor, ¿Cómo va a ser falso si lo robaron los nazis?”, y me mostró la documentación del cuadro que decía que la pieza había entrado en Uruguay en los años 60 con un ingeniero alemán que había sido militar. Más claro, imposible.

Las dos obras eran falsas. Incluso las etiquetas de la ERR del supuesto Monet lo eran. Recordé una advertencia de la Brigada de Patrimonio de la Policía Nacional al respecto: Muchos marchantes también “avalaban” falsificaciones haciéndolas pasar por obras que procedían del expolio para garantizar su originalidad.

Por supuesto cabría la posibilidad de que los nazis hubiesen confiscado obras falsas y sino recordar el caso Van Meegeren quien le “colocó” al mismísimo Göring un Vermeer (“Cristo con Adultera”), además de crear otras más que vendió a coleccionistas holandeses para que a su vez las dieran al enemigo por buenas.

Por tanto las dudas que surgen con estas obras falsas es triple ¿Son obras expoliadas? ¿Son pinturas falsas que a su vez fueron saqueadas? ¿Son falsificaciones realizadas posteriormente?. En todos los casos su venta constituiría un delito, ya sea por ser falsas o por robadas. En los tres casos citados, las pinturas se acompañaban de espertizaciones firmadas por supuestos especialistas en los años 70 y 80.

Lo que si es evidente es que el asunto del expolio nazi y el “arte exiliado” ha favorecido una Edad Dorada de la falsificación de arte en los últimos 70 años. Desde la infestación del mercado norteamericano por parte Elmyr D’Hory en los años 50, hasta los más recientes como Wolfgan Beltracci condenado en 2011 por sus falsificaciones a la manera de Ernst, Campendonk o Pechstein y supuestamente procedentes de colecciones totalmente imaginadas. Está claro que los estafadores no han dudado en crear una especie de Provenance macabra para sus fraudes y los compradores, algunos morbosamente y todos de forma desaprensiva las han adquirido creyendo y asumiendo que procedían de colecciones saqueadas por los nazis.

Algunos propietarios todavía se aferran a la posibilidad de ser los legítimos propietarios alegando que la obra lleva en la familia más de 50 años sin haber sido reclamada. Otros, que sus antepasados las compraron en buena fe sin saber nada de su procedencia original, aunque lo más ruin, es como algún propietario todavía pretende recuperar el dinero pagado por el abuelo en la compra de un objeto robado.

Así lo ordenan los convenios internacionales y nuestra propia legislación : Ley 1/2017, de 18 de abril, sobre restitución de bienes culturales que hayan salido de forma ilegal del territorio español o de otro Estado miembro de la Unión Europea, que se incorpora al ordenamiento español por la Directiva 2014/60/UE, del Parlamento Europeo

NO, EL EXPOLIO NO ES UN JUEGO